viernes, 6 de febrero de 2009

10 infaltables de unas vacaciones de mochila

1- La relación amor-odio con los camioneros. Es bien sabido que cuando unx viaja a dedo, depende en gran medida de los camiones. Los camioneros suelen ser gente copada, con infinidad de anécdotas, toman mate... y escuchan una música de mierda. ¡Demasiada cumbia! ¡Demasiado reaggetón! Un viaje de 10 horas con banda sonora de ese tipo ininterrumpida es insalubre para cualquiera.
Señores camioneros, otras canciones pueden deleitar sus oídos: un poco de variedad no le hace mal a nadie.

2- El piromaníaco. Siempre, en todos los campings, sin excepción, hay un deficiente mental que hace del fuego su bandera. No importa que el camping tenga un quincho con cocina donde cocinar, no importa que compre empanadas hechas. El piromaníaco no necesita el fuego como la gente normal, para cocinar. Él lo quiere porque siente que un campamento no está completo si no puede quemar unos cuantos troncos secos y es capaz de pasar la noche solo, al lado de la pira, obsesionado mirando las llamitas y hechando ramitas para reavivarlo.

3- El que se las sabe todas. Este enfermo leyó todos los manuales, habló con todos sus conocidos, buscó en internet y recorrió todas las casas de camping. Sabe todo sobre el clima del lugar al que va, por qué una carpa es mejor que otra, cuánto peso es ideal llevar. Antes de salir de vacaciones hace una lista de cosas para llevar: su mochila no tiene nada de más ni nada de menos. En todos los campings se la pasa asediando a otras personas para explicarles por qué armaron la carpa mirando hacia el punto cardinal incorrecto, salen con poco abrigo o mirar al sol de frente en esas latitudes te deja ciego de una.

4- La megafamilia. Inexplicablemente, siempre se puede ver una familia gigantesca que ha decidido vacacionar en conjunto. No solo tíos, primos, abuelos, novios, hermanos mayores y menores, padres y por qué no amigos de toda la vida a quienes los hijos llamas "tía Mari" y "tío Julio" pueden tomarse vacaciones en la misma quincena, sino que además se soportan viviendo en dos carpas y media, cenan todos juntos, cantan, y pasean en manada. No alcanzo a comprender, siendo que las vacaciones familiares son siempre aburridas, ninguna de estas personas mató a alguna de las otras 30 con las que convive durante 15 o 20 días y la enterró abajo de la carpa.

5- El turista. Puede ser japonés, alemán o yankee. Y tiene lo más "pro" del universo. Una cámara de fotos de miles de dólares, una cortaplumas con encendedor incluído y una carpa que se arma sola cuando le apretás un botón.

6- El de la foto. Le saca foto a todo y a todos. Es desesperante. No solo las flores, los paisajes, los pajaritos: quiere retratar al dueño del camping, la almacenera, el policía que le indicó donde quedaba la parada del colectivo, las zapatillas sucias... todo con su infaltable sonrisa de imbécil.

7- El que se emociona. Siente que conoce a la gente del camping, con la que cenó tres noches, "de toda la vida". Saca fotos de él con todos con el brazo extendido, llora al dejar un lugar un lugar y entre gorgoteos afrima que el pueblo "le voló la cabeza" y que la gente que conoció ahí "es lo más", y pide que "no se corte", como si eternamente estuviese egresando de la secundaria.

8- El pendeviejo. Este especimen es un tipo de más de 40 años que añora sus días de veinteañero, y sale con su camioneta desvencijada a recorrer campings y contar sus experiencias cuando viajar era "otra cosa", y asedia a los adolescentes obligándolos a escuchar, al lado del fogón, cómo canta mientras toca la guitarra, al borde de las lágrimas.

9- El dueño del camping de oro. Los baños están sucios, hay dos duchas con agua tibia, la luz eléctrica escasea, pero este estafador insiste en cobrar 30 pesos por día. Eso sí: está a "solo" dos kilómetros del centro, y lo avalan años de prestar servicios en la ciudad.

10- Los negocios de pueblo. Es un misterio cómo sobreviven, porque el horario de atención es super reducido. La siesta se la toman bien en serio: de 12 del medio día hasta las 5 de la tarde, será imposible conseguir una lamparita, comprar pilas o cambiar el cierre de la bolsa de dormir. Además, nueve menos diez de la noche ya están bajando la persiana. ¿¡Cómo mierda hacen para tener clientes!? No alcanzo a entenderlo...

2 comentarios:

AGD - Medicina dijo...

jajaja!!!
pero ke lindoo!!!

besooo

Lula

Fritz dijo...

excelente! buena descripción de la fauna que asolan los campings.