martes, 11 de mayo de 2010
lunes, 10 de mayo de 2010
domingo, 9 de mayo de 2010
Estar de vuelta
Estoy de vuelta. De vuelta de Chapadmalal, y de vuelta de todo, básicamente.
Quería hacer unas observaciones antes de desnucarme en la almohada.
La subjetividad
Mientras Lute se indignaba por la cantidad de veces que se cantó la marchita, Otro Chico, se indignaba porque no se cantaba lo suficiente.
Semiología
El famoso significante vacío no es "ayugh". El famoso significante vacío es "juventud".
El compañerismo
Si alguien me vuelve a decir "compañera" por las próximas 48 horas, salgo a la calle con un rifle y empiezo a matar gente.
La conchudez
Me fue imposible no hacer todos los comentarios conchudos que pude. La falta de sueño me vuelve incluso más mala.
Las contradicciones nuestras de cada día
No voy a poder entender nunca cómo un grupo de gente que ha logrado niveles etílicos importantísimos, que no puede articular su propio nombre y casi que no puede caminar, logra, sin embargo, recordar -¡y entonar!- "sigo siendo el rey". Infame.
La nefastez.
Existe. Y le dicen "peñas".
Quería hacer unas observaciones antes de desnucarme en la almohada.
La subjetividad
Mientras Lute se indignaba por la cantidad de veces que se cantó la marchita, Otro Chico, se indignaba porque no se cantaba lo suficiente.
Semiología
El famoso significante vacío no es "ayugh". El famoso significante vacío es "juventud".
El compañerismo
Si alguien me vuelve a decir "compañera" por las próximas 48 horas, salgo a la calle con un rifle y empiezo a matar gente.
La conchudez
Me fue imposible no hacer todos los comentarios conchudos que pude. La falta de sueño me vuelve incluso más mala.
Las contradicciones nuestras de cada día
No voy a poder entender nunca cómo un grupo de gente que ha logrado niveles etílicos importantísimos, que no puede articular su propio nombre y casi que no puede caminar, logra, sin embargo, recordar -¡y entonar!- "sigo siendo el rey". Infame.
La nefastez.
Existe. Y le dicen "peñas".
lunes, 3 de mayo de 2010
1 vive con 2. 3 conoce a 1 y sabe que existe 2, pero no conoce personalmente a 2.
4 es cercano a 3 y también conoce a 1.
4 quiere tener algo con 3, pero a 3 solo le interesa tener algo con 5, que es la mejor amiga de 4.
Eso, claro, no sucede, en cambio 3 termina teniendo algo con 1.
1 tiene culpa, tiene miedo. O al menos eso piensa 3.
2 no sabe, o finge no saber.
1 y 2 van a temrinar.
4 no entiende nada.
5 no sabe nada de todo esto, pero a la vez empieza a salir con 6, que, claro, es conocido de 3.
A 3 le gusta 1. A 3 le chupa un huevo 2.
3 se preocupa a veces. Al pedo.
3 no sabe si contarle a 4.
3 odia a 6, 6 no lo sabe. 6 sigue saliendo con 5.
1 piensa que 5 no es linda.
3 piensa que 5 es linda, pero que 3 es más linda.
A 3 le gusta 1. A 1 le gusta 3, pero vive con 2.
Estúpido Bonobon de mierda que es este mundo.
4 es cercano a 3 y también conoce a 1.
4 quiere tener algo con 3, pero a 3 solo le interesa tener algo con 5, que es la mejor amiga de 4.
Eso, claro, no sucede, en cambio 3 termina teniendo algo con 1.
1 tiene culpa, tiene miedo. O al menos eso piensa 3.
2 no sabe, o finge no saber.
1 y 2 van a temrinar.
4 no entiende nada.
5 no sabe nada de todo esto, pero a la vez empieza a salir con 6, que, claro, es conocido de 3.
A 3 le gusta 1. A 3 le chupa un huevo 2.
3 se preocupa a veces. Al pedo.
3 no sabe si contarle a 4.
3 odia a 6, 6 no lo sabe. 6 sigue saliendo con 5.
1 piensa que 5 no es linda.
3 piensa que 5 es linda, pero que 3 es más linda.
A 3 le gusta 1. A 1 le gusta 3, pero vive con 2.
Estúpido Bonobon de mierda que es este mundo.
domingo, 2 de mayo de 2010
En este momento debería dejar de...
...mirar compulsivamente el facebook.
...escuchar coiffeur.
...escuchar Vuelvas a casa, de coiffeur.
...leer el blog "no quería decir".
...mirar fotos viejas.
...pensar en todo el laburo de los últimos tres años.
...dejar los proyectos cuando empiezan a funcionar.
...pensar que mi psicóloga está de viaje hasta el 18.
...escuchar coiffeur.
...escuchar Vuelvas a casa, de coiffeur.
...leer el blog "no quería decir".
...mirar fotos viejas.
...pensar en todo el laburo de los últimos tres años.
...dejar los proyectos cuando empiezan a funcionar.
...pensar que mi psicóloga está de viaje hasta el 18.
jueves, 22 de octubre de 2009
Cuando tu estas en el borde del mundo
yo estoy en el cráter de un volcán muerto
a la sombra de la puerta
se yerguen las palabras que han perdido sus letras.
Al dormir, la luna ilumina las sombras
pececillos caen del cielo
al otro lado de la ventana
hay soldados con el corazón endurecido.
Kafka está sentado en una silla a la orilla del mar
pensando en el péndulo que hace oscilar el mundo
cuando el círculo del mundo se cierra
la sombra de la esfinge sin destino
se convierte en cuchillos
y atraviesa tus sueños.
Los dedos de la niña ahogada
buscan la piedra de la entrada
alza las mangas de su vestido azul
y mira a Kafka en la orilla del mar.
Kafka en la orilla, Haruki Murakami
yo estoy en el cráter de un volcán muerto
a la sombra de la puerta
se yerguen las palabras que han perdido sus letras.
Al dormir, la luna ilumina las sombras
pececillos caen del cielo
al otro lado de la ventana
hay soldados con el corazón endurecido.
Kafka está sentado en una silla a la orilla del mar
pensando en el péndulo que hace oscilar el mundo
cuando el círculo del mundo se cierra
la sombra de la esfinge sin destino
se convierte en cuchillos
y atraviesa tus sueños.
Los dedos de la niña ahogada
buscan la piedra de la entrada
alza las mangas de su vestido azul
y mira a Kafka en la orilla del mar.
Kafka en la orilla, Haruki Murakami
viernes, 14 de agosto de 2009
A los detalles, te acostumbrás...
Una es una alumna maravillosa. Más allá de los intentos por no acomodarse a una sola realidad, a una sola persona, a un solo tipo de noches, la costumbre termina por instalarse, implacable.
Sin proponérselo, una temrina por aprender. Que la luz del baño se enciende con la segunda tecla, porque la primera no funciona. Que el timbre hay que apretarlo con fuerza, sino no suena. Una aprende, memoriza, un montón de detalles inútiles. Sabe que el café se toma con dos cucharadas de azucar, salvo que se prefiera mate, y en ese caso siempre es amargo.
Una no recuerda ni el celular de su madre, pero sí sabe que en esta casa se duerme con la persiana abierta, porque a su moradora no le molesta la luz del sol, pero en cambio en aquel otro lugar se cierran los postigos que dan a la casa de atrás.
Una se termina transformando en erudita de los lugares comunes, podría escribir un tratado sobre los detalles nimios de los que una estaba escapando pero se instalan en la rutina casi como parásitos, como inquilinos indeseables pero omnipresentes.
Es un mecanismo misterioso cómo se acumulan en la memoria tantos datos inútiles, tanta información que no se usa para nada en el día a día, pero una noche sirven para saber que la sal está en la segunda puerta de la alacena, ese detallito sepultado entre los horarios de trabajo y los libros para comprar se abre paso desde el subconsciente llega a la vigilia, una estira la mano, abre la puerta y ahí está el frasco de sal, símbolo inequívoco de que una no escapa de algunos fantasmas, que quiéralo una o no, la memoria se encarga de encadenarnos a una rutina de bombilla de caña y política de velador y pie de cama, de charlas obligadas con ruido a ducha y salidas furtivas.
Una termina por preguntarse si hay maneras de dar una vuelta de tuerca a tanta cosa merodeante; si todo lo que una se propone dejar de lado va a terminar volviendo por una tangente inesperada, si la costumbre es siempre definitiva.
Entonces una comienza un ciclo nuevo de reconocimiento, olfatea el aire, presiente al tacto los dedos y las formas. Y termina por darse cuenta de cuántos escalones hay que subir, a qué altura está la manija de la puerta, y si los vecinos de arriba hacen más ruido a una determinada hora.
Por qué no se olvida una de tanto trapo usado, es algo que no se puede responder...
Sin proponérselo, una temrina por aprender. Que la luz del baño se enciende con la segunda tecla, porque la primera no funciona. Que el timbre hay que apretarlo con fuerza, sino no suena. Una aprende, memoriza, un montón de detalles inútiles. Sabe que el café se toma con dos cucharadas de azucar, salvo que se prefiera mate, y en ese caso siempre es amargo.
Una no recuerda ni el celular de su madre, pero sí sabe que en esta casa se duerme con la persiana abierta, porque a su moradora no le molesta la luz del sol, pero en cambio en aquel otro lugar se cierran los postigos que dan a la casa de atrás.
Una se termina transformando en erudita de los lugares comunes, podría escribir un tratado sobre los detalles nimios de los que una estaba escapando pero se instalan en la rutina casi como parásitos, como inquilinos indeseables pero omnipresentes.
Es un mecanismo misterioso cómo se acumulan en la memoria tantos datos inútiles, tanta información que no se usa para nada en el día a día, pero una noche sirven para saber que la sal está en la segunda puerta de la alacena, ese detallito sepultado entre los horarios de trabajo y los libros para comprar se abre paso desde el subconsciente llega a la vigilia, una estira la mano, abre la puerta y ahí está el frasco de sal, símbolo inequívoco de que una no escapa de algunos fantasmas, que quiéralo una o no, la memoria se encarga de encadenarnos a una rutina de bombilla de caña y política de velador y pie de cama, de charlas obligadas con ruido a ducha y salidas furtivas.
Una termina por preguntarse si hay maneras de dar una vuelta de tuerca a tanta cosa merodeante; si todo lo que una se propone dejar de lado va a terminar volviendo por una tangente inesperada, si la costumbre es siempre definitiva.
Entonces una comienza un ciclo nuevo de reconocimiento, olfatea el aire, presiente al tacto los dedos y las formas. Y termina por darse cuenta de cuántos escalones hay que subir, a qué altura está la manija de la puerta, y si los vecinos de arriba hacen más ruido a una determinada hora.
Por qué no se olvida una de tanto trapo usado, es algo que no se puede responder...
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