lunes, 9 de abril de 2012

para traerte a casa

hay que volver a las viejas costumbres
hay que hacerlas nuevamente rutina
para sentirlas nuevamente amigables
y sentir que hay una parte que vuelve
de algo que está perdido hace tantísimo tiempo
que ya ni se recuerda la forma
pero se sabe imprescindible

entonces hay que volver al café en jarrito
a las esquinas de pequeñas mesas y tacitas blancas
con plantas en los esquineros y señores leyendo el diario
hay que reencontrarse con la lapicera
con el bloc decorado, la fluidez de la tinta negra
(para hacer arañitas negras)
(para ser atacada por esas perras negras)
volver a rosario, a lo bello
a lo ético, lo estético, las cosquillas
y por supuesto a enamorarse

enamorarse como corresponde y leer y
escuchar a rosario y enamorarse y
escribir algunas líneas para traerte
más de este lado, de este nuevo - viejo
lado

a lo que va asumiendo su forma habitual
para que lo veas y para dártelo y saberte
ya definitivamente de este lado
hay que arrastrar muchas cosas y trabajar mucho también
para saberte así, cercana
desde la lejanía, presente en cada café
en cada palabra escrita, en cada tacita blanca
en las hojas arrancadas de un bloc decorado
en cada memoria devuelta

sábado, 30 de abril de 2011

Chau, Ernesto...

"...y era como si los dos hubiéramos estado viviendo en pasadizos o túneles paralelos, sin saber que íbamos el uno al lado del otro, como almas semejantes en tiempos semejantes, para encontrarnos al fin de esos pasadizos, delante de una escena pintada por mí, como clave destinada a ella sola, como un secreto anuncio de que ya estaba yo allí y que los pasadizos se habían por fin unido y que la hora del encuentro había llegado..."

domingo, 28 de noviembre de 2010

Machismo go home

Como vengo de una familia mas bien tradicional, clasemediera, vivo en Olivos, mis abuelos son bastante gorilas y demases, me pasa bastante seguido que no sé bien de dónde saqué algunas ideas, modos de pensar, de vivir y paradigmas varios.
Pero de algunas cosas en particular tengo recuerdos muy nítidos acerca de lo que furon los inicios de los cuestionamientos y de los caminos elegidos.
Con el feminismo me pasa eso. Tengo un recuerdo clarísimo de mi infancia, sé exactamente cuál fue el momento en que me di cuenta de que la heteronorma y el patriarcado (aunque en ese momento no pudiera ponerle un nombre a todo eso) regían nuestras vidas desde adentro de nuestros cerebros, incluso. También fue el momento en que caí en la cuenta de que determinadas estructuras son incorporadas a nuestros modos de vida desde tan temprano que es muy difícil sacarlas y vivir de un modo distinto.

Fue en la época en que mi mamá me estaba enseñando a viajar sola en colectivo. Yo debía tener unos siete años e iba a ir sola -por primera vez- a la casa de mi abuela. La consigna era la siguiente: Después de cruzar Puente Saavedra, esperar diez minutos. Pestar atención, donde está el Blockbuster, esa es la calle Juan A. Zurduy, hay que bajarse en la siguiente parada.
Yo me subí el 152 y fui prestando atención a las indicaciones, vi el Blockbuster, miré el cartel de la calle y ahí me di cuenta de todo: la calle era JuanA Azurduy.
Lo primero fue la sorpresa, pero después fue más que nada enojo. ¿Por qué, al escuchar el nombre, había dado por supuesto que la persona que había dado nombre a esa calle, era un varón? ¿Acaso las calles solo tenían nombres de varones? Traté de pensar en las que quedaban cerca de casa: HILARIÓN de la Quintana, MARANO Moreno, HIPÓLITO Bouchard, JOSÉ Ingenieros. De todas las calles que estaban cerca de casa, ninguna tenía nombre de mujer. Eso no me gustó para nada, pero me daba menos culpa haber transgenrizado a Juana a la fuerza: en mi memoria, solo había nombres de varones asociados a calles.

Pensar y resignificar cómo las creencias y las prácticas de un mundo que nos excluye en tanto mujeres fue algo que pasó varios años después, pero ese fue el momento que dejó sembrada la semilla de la duda. No éramos tan iguales, y no bastaba con saber que nenas y nenes no éramos tan iguales -porque las nenas teníamos que ir con incómodos vestidos a los cumpleaños y los nenes podían ir con pantalón, las nenas teníamos que portarnos como "señoritas" y los nenes podían ser "pícaros", las nenas eramos bobas y aburridas y los nenes jugaban al fútbol, las nenas teníamos que jugar a la casita y los nenes podían usar los lego- para librarse de esos estereotipos. Una siempre podía reproducir esos esquemas interpretando sin querer que las calles necesariamente tienen nombre de varón.

Poco tiempo después tuve una segunda revelación en la escuela primaria-privada-laica a la que asistí hasta terminar segundo grado. Nos habían dado una fotocopia con diferentes imágenes de profesiones, teníamos que elegir una y pintarla, basándonos en lo que quisiéramos para nuestro futuro. Las dos únicas imágenes que tenían mujeres como representación, eran la maestra y la mamá (sí, mamá era una profesión). Yo quería elegir el científico, que tenía unos tubos de ensayo en la mano, tantísimo más interesantes que el bebé y la mamadera que cargaba la mamá. Pero no era científicA. Era científicO. Voví a pensar en Juana, me pregunté si Juana había sido maestra, madre, científica. O si había sido científicO. Si había asumido una identidad masculina para poder ponerle nombre a una calle. No lo sabía. Tampoco mi maestra se segundo grado de la escuela-privada-laica sabía quién había sido Juana. Tampoco mi mamá sabía. Pero tenía que ser alguien importante, porque una calle llevaba su nombre. A pesar de que nadie en la escuela estudiara a las mujeres-que-designan-calles.