sábado, 30 de abril de 2011

Chau, Ernesto...

"...y era como si los dos hubiéramos estado viviendo en pasadizos o túneles paralelos, sin saber que íbamos el uno al lado del otro, como almas semejantes en tiempos semejantes, para encontrarnos al fin de esos pasadizos, delante de una escena pintada por mí, como clave destinada a ella sola, como un secreto anuncio de que ya estaba yo allí y que los pasadizos se habían por fin unido y que la hora del encuentro había llegado..."

domingo, 28 de noviembre de 2010

Machismo go home

Como vengo de una familia mas bien tradicional, clasemediera, vivo en Olivos, mis abuelos son bastante gorilas y demases, me pasa bastante seguido que no sé bien de dónde saqué algunas ideas, modos de pensar, de vivir y paradigmas varios.
Pero de algunas cosas en particular tengo recuerdos muy nítidos acerca de lo que furon los inicios de los cuestionamientos y de los caminos elegidos.
Con el feminismo me pasa eso. Tengo un recuerdo clarísimo de mi infancia, sé exactamente cuál fue el momento en que me di cuenta de que la heteronorma y el patriarcado (aunque en ese momento no pudiera ponerle un nombre a todo eso) regían nuestras vidas desde adentro de nuestros cerebros, incluso. También fue el momento en que caí en la cuenta de que determinadas estructuras son incorporadas a nuestros modos de vida desde tan temprano que es muy difícil sacarlas y vivir de un modo distinto.

Fue en la época en que mi mamá me estaba enseñando a viajar sola en colectivo. Yo debía tener unos siete años e iba a ir sola -por primera vez- a la casa de mi abuela. La consigna era la siguiente: Después de cruzar Puente Saavedra, esperar diez minutos. Pestar atención, donde está el Blockbuster, esa es la calle Juan A. Zurduy, hay que bajarse en la siguiente parada.
Yo me subí el 152 y fui prestando atención a las indicaciones, vi el Blockbuster, miré el cartel de la calle y ahí me di cuenta de todo: la calle era JuanA Azurduy.
Lo primero fue la sorpresa, pero después fue más que nada enojo. ¿Por qué, al escuchar el nombre, había dado por supuesto que la persona que había dado nombre a esa calle, era un varón? ¿Acaso las calles solo tenían nombres de varones? Traté de pensar en las que quedaban cerca de casa: HILARIÓN de la Quintana, MARANO Moreno, HIPÓLITO Bouchard, JOSÉ Ingenieros. De todas las calles que estaban cerca de casa, ninguna tenía nombre de mujer. Eso no me gustó para nada, pero me daba menos culpa haber transgenrizado a Juana a la fuerza: en mi memoria, solo había nombres de varones asociados a calles.

Pensar y resignificar cómo las creencias y las prácticas de un mundo que nos excluye en tanto mujeres fue algo que pasó varios años después, pero ese fue el momento que dejó sembrada la semilla de la duda. No éramos tan iguales, y no bastaba con saber que nenas y nenes no éramos tan iguales -porque las nenas teníamos que ir con incómodos vestidos a los cumpleaños y los nenes podían ir con pantalón, las nenas teníamos que portarnos como "señoritas" y los nenes podían ser "pícaros", las nenas eramos bobas y aburridas y los nenes jugaban al fútbol, las nenas teníamos que jugar a la casita y los nenes podían usar los lego- para librarse de esos estereotipos. Una siempre podía reproducir esos esquemas interpretando sin querer que las calles necesariamente tienen nombre de varón.

Poco tiempo después tuve una segunda revelación en la escuela primaria-privada-laica a la que asistí hasta terminar segundo grado. Nos habían dado una fotocopia con diferentes imágenes de profesiones, teníamos que elegir una y pintarla, basándonos en lo que quisiéramos para nuestro futuro. Las dos únicas imágenes que tenían mujeres como representación, eran la maestra y la mamá (sí, mamá era una profesión). Yo quería elegir el científico, que tenía unos tubos de ensayo en la mano, tantísimo más interesantes que el bebé y la mamadera que cargaba la mamá. Pero no era científicA. Era científicO. Voví a pensar en Juana, me pregunté si Juana había sido maestra, madre, científica. O si había sido científicO. Si había asumido una identidad masculina para poder ponerle nombre a una calle. No lo sabía. Tampoco mi maestra se segundo grado de la escuela-privada-laica sabía quién había sido Juana. Tampoco mi mamá sabía. Pero tenía que ser alguien importante, porque una calle llevaba su nombre. A pesar de que nadie en la escuela estudiara a las mujeres-que-designan-calles.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Durmiendo

En el sueño, sonaba The Cure. Estaba M., mi ex compañera del colegio, la misma que se casó hace poco (me enteré vía facebook). En el sueño, M. tenía el mismo vestido de las fotos de su casamiento, el mismo peinado -bucles en todo el pelo larguísimo, que no tenía cuando éramos amigas- pero estaba embarazada. O sea, tenía una panzota como de ocho meses. Yo la veía como dede arriba, como si yo hubiese estado subida a una silla para cambiar un foco de luz, pero no estaba subida a ninguna silla. La veía desde arriba, no sé por qué. Tampoco soy tan alta.
Yo la miraba y ella estaba contenta y yo me daba cuenta de que se casaba "de apuro" pero a la vez no tan de apuro, porque a fin de cuentas se lenotaba todo, no podía oculatr ese embarazo. Quiero decir que se casaba de apuro porque ella creía que eso era lo correcto, y yo lo sabía porque, bueno, era mi sueño, y yo s}podía saber esas cosas sin que nadie me las dijera. Cuestión que M. estaba contenta porque iba a ser madre y además (tipo 2x1) se estaba casando y ahí yo terminaba de saber que ya no éramos amigas, no solamente porque los años de no verse ni hablar hacen que dos personas dejen de ser amigas, sino porque además M. había alegido un camino tan radicalmente distinto que no había manera de reconciliar los dos mundos. Mi mundo estaba ya absolutamente separado del mundo de ella; eran como dos líneas que se separan en el espacio. La imagen fue la misma todo el tiempo que duró el sueño, lo único que cambiaba eran las cosas que yo percibía de esa imagen.

Después me desperté y ya era tarde. Me levanté y me fui a la facultad.